Que tire la primera piedra quien nunca haya tenido uno de esos momentos de “Tierra, trágame” en la cama.

Vale, no se nos ha caído ninguna piedra encima, así que podemos empezar a enumerar las múltiples situaciones ligeramente embarazosas que todo el mundo ha vivido y que nos han hecho sonrojarnos en plena faena. Coged palomitas.

1. El sonidito

Es como cuando mueves el culo en el sofá y suena como a... pedo. Tú te excusas y todos se ríen en plan “Claro, claro, el sofá”. Solo que aquí estás sin ropa, en la cama y con alguien a quien, para qué nos vamos a engañar, estás intentando impresionar.

Recuerda: a tu pareja no le importa en absoluto, ¡así que deja de preocuparte! Y, si sucede de nuevo, ríete; no hay nada mejor que reírse durante el sexo.

2. La ropa interior atroz

Es la ley de Murphy del sexo. Si llevas un conjunto de lencería supersexy e ideal para campo y playa nada pasa. Eso sí, te pones las bragas o los calzoncillos más feos del cajón y ten por seguro que tendrás una cola de dios@s del Olimpo queriendo tema contigo. Como te gusta sentirte bienfo, no te quedas con las ganas, pero vas todo el trayecto en taxi a su casa pensando en cómo evitar que vea las bragas de algodón con florecitas o esa goma suelta. Ah, y por supuesto, el tomate en las medias, malditos tacones...

Con cariño te decimos que, para lo que te va a durar puesto todo en general, ni te preocupes. Otra solución es que te lleves al ligue a tu casa y mates dos pájaros de un tiro: te cambias de ropa interior rápidamente en el baño y te despiertas ya en tu comodísima cama por la mañana.

3. La sorpresa escarlata

Sí, tenemos un ciclo, pero ese ciclo a veces hace lo que le da la gana. Va, viene, se entretiene y, cuando menos lo echas de menos: ¡PAM! ¡Sorpresa! Claro que no pasa nada, tienes vagina y te encanta, eres fabulosa; pero en ese momento desearías un poquito poder ser invisible.

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4. Los pensamientos en voz alta

Cierras los ojos y te dejas llevar. Al final acabas llamando Brad a José, que está ahí, flipando.

– ¿Quién es Brad?

– Brad Pitt, obviamente –, piensas –. El braddzo, que me duele el brazo –, dices.

– Ah, vale.

Fiu. ¡Por los pelos! Lo que nos lleva al siguiente punto.

5. Pelillos a la mar

Un poco como el punto de la ropa interior pero menos disimulable. Has mutado de ser humano a erizo y el doble de Gerard Butler te acaba de decir que tienes los ojos más bonitos que ha visto en su vida (¡ja!) tras un par de copas. Todo fabuloso, tomáis la penúltima, vais a casa, te quitas los vaqueros y... ¿vaqueros? ¿Pero por qué me he puesto vaqueros para salir de fiesta, si siempre me pongo vest...? ¡Mierda! Efectivamente, ¡pelillos a la mar!

Aquí no hay solución, cada persona elige lo que más le apetezca:

  1. Quitarse los vaqueros, hemos venido aquí a jugar.
  2. Subirse los vaqueros de nuevo, decir que has recordado que tenías que hacer algo urgente (a las 4 de la mañana...).
  3. Decir que te tienes que ir, pero que podéis volver a quedar y dejarle tu teléfono. Ni tanto ni tan calvo.
  4. Tirar de jugueteos. Coge un antifaz, pónselo, y si te toca la pierna, le dices que llevas calcetines calentitos de pelo de algo. La mejor opción, francamente.

6. Karate Kid

Esta va para los hombres y personas con pene. Estás tranquilamente jugando y, de repente, PAM, golpe en tus partes nobles. Ves la vida pasar ante tus ojos. Piensas en lo mucho que quieres a tu madre y lo poco que se lo has dicho. En que nunca vas a conocer a tu sobrino. No sé, todas esas cosas. Ah, bueno, y por supuesto que pierdes totalmente el ritmo.

Intentas no llorar; y si lo haces y te pregunta qué ha pasado, le dices que te has emocionado porque nunca has vivido nada tan bonito con nadie. Y ya que te ha pillado, pues de perdidos al río, lloras a moco tendido.

Y eso es todo por hoy; nosotr@s hemos comentado seis, ¡pero será por momentos incómodos! No dudes en compartirnos el tuyo. Y no lo olvides, ¡la mejor solución a la mayoría de los problemas es una buena carcajada!