Uno de los grandes problemas de que la sexualidad siga siendo un tabú es que las personas jóvenes no pueden navegar de forma natural por el despertar de su sexualidad. Si pensamos que con la charla obligatoria que se da en los institutos para enseñar a colocar un preservativo es suficiente, vamos mal. ¿Desde cuándo la dimensión de la sexualidad se reduce a los preservativos y a las ITS? Es un tema importante que tiene que quedar claro, sí, pero también es normal que surjan muchísimas más preguntas: ¿La forma de mi vulva es normal?, ¿Se puede romper el pene?, ¿Qué es esa sustancia blanca en mi ropa interior?, entre  tantas otras. 

Si las preguntas relacionadas con la sexualidad que surgen durante la infancia y la adolescencia tienen una respuesta pobre o nula, porque en el entorno próximo casi no se habla de sexo, se buscarán las respuestas en otro sitio. Es por este motivo que el 48% de la juventud aprende sobre sexo en internet y este es un dato preocupante.  

 

Según un estudio de la Universidad de las Islas Baleares, algunxs niñxs tienen el primer contacto con la pornografía a los ocho años, generalmente a través de los móviles. A la edad de 14 años, el consumo de pornografía ya es generalizado. Esto es un problema porque la pornografía hace tiempo que se está erigiendo como la fuente principal de información y de educación sobre sexo. Y, como bien sabemos, la pornografía es ficción, y, muy a menudo, una máquina perpetradora de estereotipos de género, de violencia en contra de las mujeres y de anulación del concepto de consentimiento sexual. 

La sexualidad es mucho más que la prevención de ITS y embarazos no deseados e imágenes explícitas de escenas sexuales. Es urgente que se implante un sistema de educación sexual integral (ESI), sobre todo desde las instituciones. La ESI engloba todas las dimensiones relacionadas con la sexualidad: desde la identidad de género o la expresión de género, hasta la reproducción y la salud sexual, pasando por las relaciones sexo-afectivas, la responsabilidad afectiva, la identidad de género o el consentimiento.