Internet y las redes sociales han hecho que el slutshaming sea peor que nunca

 

¿Alguna vez has decidido no acostarte con alguien a pesar de que te apeteciera? A todas nos ha pasado eso de quedarnos con las ganas por no ir depiladas, porque tenemos la regla, porque ese día no nos sentimos lo suficientemente atractivas o deseables, porque nos preocupa el olor de nuestros genitales y tantísimas otras cosas de las que nos han hecho avergonzarnos, aunque no deberíamos. 

De todas las razones por las cuales hemos renunciado al placer por el hecho de ser mujeres, hoy queremos focalizarnos en una en concreto: el hecho de renunciar a ciertas prácticas sexuales en la primera cita, de dejar de ponerte ese top escotado o de dejar de subir esa foto para no parecer una “facilona”. Por culpa de la narrativa socialmente construida de que las mujeres tienen que hacerse respetar, se entiende por antítesis que si no vistes o te comportas como la gente espera, ya no mereces respeto porque eres una “chica fácil”. Esto es una actitud sexista, que pretende discriminar a la mujer y tiene un nombre: slutshaming. 

¿Qué es el slutshaming?

Es una forma de acoso que consiste en juzgar o intimidar a alguien por cuestiones relacionadas con su sexualidad y que afecta, sobre todo, a las mujeres. Este concepto se podría traducir como "tildar de prostituta", un término cargado de misoginia, discriminación y sexismo, puesto que tiene una connotación negativa. A pesar de que hace relativamente poco que se ha dado con este término, escogido para empoderar a las mujeres a tomar el control sobre su sexualidad, esta forma de discriminación se lleva ejerciendo desde los inicios de los tiempos. Poner nombre a problemas así nos permite poder identificarlos más fácilmente para que nuestro imaginario colectivo pueda dotar de significado algo que no nos ha generado controversia hasta el momento.  avance. 

Concretamente, del primer período del que se tiene constancia de esto es en la antigua Roma. Según explicó Lewis Webb en un artículo, en la República Romana las mujeres tenían códigos de vestimenta distinta: si estaban casadas, llevaban estola y si se prostituían, vestían toga. En palabras de Cicerón, un político y filósofo romano: “Una mujer soltera que se comporta de manera relajada en su forma de andar, de vestir, de hablar, de mirar con ojos brillantes y de ir a fiestas en la playa y paseos en barco; no solo la hace parecer una prostituta, sino una prostituta que busca hombres descaradamente”. Amigas, aquí es donde empieza todo.

#peorquenunca

De Cicerón han pasado más de dos mil años y, a pesar de que durante las últimas décadas hemos sido testigos de la revolución sexual, el slutshaming es, a día de hoy, peor que nunca por un único motivo: internet y las redes sociales. 

En 1998 se produjo uno de los primeros y más sonados casos de slutshaming en la era de internet: Monica Lewinsky fue enormemente humillada por el mundo entero por tener una relación consensuada con el entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. En internet, Lewinsky era conocida como la “Blowjob queen” (la reina de las mamadas) y el acoso que sufrió no tenía precedentes. Actualmente, Lewinsky es activista antibullying y ella misma relata cómo la propia naturaleza de internet empeora este tipo de violencia porque es una red global, instantánea, anónima y duradera. Además, explica que las consecuencias pueden ir desde desarrollar dismorfia corporal (preocupación excesiva por la apariencia física), baja autoestima, ansiedad y depresión, hasta llegar a quitarte la propia vida. 

Desde los principios de los 2000 hasta hoy, el slutshaming masivo no ha hecho nada más que repetirse una y otra vez ante nuestros ojos, sobre todo en figuras públicas femeninas: Britney Spears, Amber Rose, Kim Kardashian, Taylor Swift y Miley Cyrus, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, no hace falta ser famosa para que te critiquen por ser un ser sexual. De hecho, le puede pasar a cualquier persona de cualquier edad y en cualquier lugar del mundo. 

El despertar de la sexualidad y del slutshaming van de la mano

Normalmente, el primer contacto con el slutshaming se da en el instituto. Según un estudio de la American Association of University Women, tres de cada cuatro chicas a los doce años ya han experimentado abusos sexuales, tanto físicos como verbales. 

Precisamente, a esa edad, es cuando se empiezan a utilizar las redes sociales como una forma más de expresión y relación. Muchos de los abusos pueden darse a través de estas plataformas porque, como toda tecnología, no son buenas o malas, sino que dependen del uso que les estemos dando. En la teoría, las redes sociales son la fiesta de la democracia y la libertad de expresión. En la práctica, pueden llegar a ser una herramienta para generar odio sin represalias.

 

¿Por qué se hace slutshaming?

Existe una teoría, elaborada por Krystyna Hutchinson, una de las presentadoras del podcast Guys we f****d, que dice que cuando una persona te insulta llamándote “buscona” de forma peyorativa es por dos motivos: o bien se trata de una persona que quiere acostarse contigo y no puede, o bien es una mujer que se siente intimidada por cuánto disfrutas de tu sexualidad.

Esta teoría surge de su experiencia personal y, por lo tanto, no está demostrada. Sin embargo, Hutchinson tiene razón en una cosa: el hecho de que tanto hombres como mujeres hacen slutshaming a otras mujeres, aunque los motivos por lo que lo hacen son distintos. En el caso de los hombres suele estar relacionado con una masculinidad muy frágil y cuestiones de poder. En cambio, en el caso de las mujeres, suelen hacerlo debido a inseguridades con su propia sexualidad o a la opresión internalizada.

Cómo combatir el slutshaming en redes sociales

Las redes sociales (Twitter, Instagram, Facebook, Tiktok) cuentan con inteligencia artificial, la reportación de usuarixs y gente que modera los contenidos, así que en la medida que podamos, deberíamos tomarnos la responsabilidad de denunciar si vemos cualquier acto de slutshaming en internet. Así pues, ¿cómo debemos actuar?

En primer lugar, nunca sumarse al ataque a otra mujer, sino defenderla y reportar el comentario y la cuenta que lo ha hecho. De esta forma, cuanta más gente se sume a este compromiso de tolerancia cero, menos espacio para el slutshaming habrá en internet, y las redes sociales serán espacios más seguros. 

Por otro lado, si eres la persona que está recibiendo el ataque puede que te hayas planteado que el error es tuyo y que tengas que cambiar tu forma de actuar para no sufrir ese tipo de acoso. Afortunadamente o no, el problema no reside en ti, ni en tu forma de vestir o actuar, más bien en el concepto social de “feminidad” y “sexualidad”. Además, una conducta así dice más de la persona que la está realizando que de la persona que la recibe. De hecho, párate un momento y piénsalo: ¿no te parece injusto renunciar a un espacio en el que tienes todo el derecho a estar por culpa de la mala conducta de otra persona? Lo es, como también es injusto tener que renunciar al placer y a la sexualidad para cumplir con las expectativas socialmente establecidas.

Así pues, ha llegado la hora de decir basta. Basta de renunciar a espacios vitales que todo el mundo tiene el mismo derecho de disfrutar, más aún si son tan divertidos como el sexo o las redes sociales. Recuerda: las chicas facilonas no existen, son los padres.