Pérdida del deseo en tiempos de estrés 

Aunque no lo creas, el bienestar sexual se ve enormemente afectado por el estado constante de estrés en el que solemos vivir. Y teniendo en cuenta que la Organización Mundial de la Salud ha alertado de que una de cada cinco personas se ve afectada por la ansiedad en la actualidad, se trata de un problema más extendido de lo que pensamos. 

El estrés forma parte de la vida de las personas (y, aunque sería facilísimo vivir sin él, resulta extremadamente complicado evitar estresarse). El problema es cuando nos exponemos a altos niveles de estrés durante un tiempo prolongado. A nivel fisiológico, esto puede afectar al organismo, llegando a provocar trastornos tanto fisiológicos como psicológicos. Una de las consecuencias de cuando pasamos por un periodo de estrés intenso es la pérdida del deseo sexual.

Pero tranquilxs, todo tiene solución en esta vida, te dejamos unos consejitos...   

El estrés es histórico  

Si retrocedieras miles de años estarías de los nervios. Tu día a día incluiría defenderte de un león en medio de un tórrido beso o que tu encuentro sexual fuera interrumpido por el ataque de una tribu enemiga. Aquellas sí que eran situaciones tensas. 

Nuestro cuerpo lo sabía y nos daba un aporte energético extra para huir o luchar. Todo el cuerpo se preparaba y desconectaba de todo lo que no fuese sobrevivir. Pues bien, el estrés actual es un vestigio de aquellos tiempos. 

Las circunstancias cambian y hoy en día son otros los detonantes del estrés, aunque la reacción fisiológica es la misma que cuando te encuentras en peligro: se te disparan los niveles de adrenalina y cortisol, y las hormonas que te hacen estar más alerta, por lo que se te acelera el ritmo cardiaco. 

Y en la ecuación del estrés... ¿dónde queda el deseo sexual? 

Cómo afecta el estrés al deseo sexual 

El estrés a largo plazo genera cansancio y frustración. Te agota físicamente hasta la extenuación. Puede afectar al sueño, al humor, al deseo sexual… y descompensar por completo una vida equilibrada. 

Pero, aunque te sorprenda, el estrés no siempre es malo. De hecho, existe el estrés positivo (eustrés), que puede llegar a ser un gran amigo ya que, en ciertas situaciones, te ayudará a mejorar tu productividad y a conseguir una meta, y el estrés negativo (distrés). 

Cómo recuperar el deseo sexual  

La salud empieza por el autocuidado. Es difícil incrementar el deseo sexual si no te sientes bien con la persona más importante del planeta, o sea, tú. Descansar adecuadamente, llevar una buena alimentación, seguir una rutina positiva, hacer ejercicio y mimarse son aspectos fundamentales para mantener alta nuestra autoestima, sentirnos bien con nuestro propio cuerpo y sentirnos deseables. 

Esto no quiere decir que debamos estar siempre perfectos, sino que debemos querernos tal y como somos. Dedica tiempo a la autoexploración, a la masturbación, a recorrer nuevos terrenos y a conocer qué es lo que te gusta y excita. En soledad también puedes potenciar tus fantasías.  

Además, te dejamos otros consejos para ayudarte a gestionar el estrés y recuperar tu deseo sexual. ¡No dejaremos que el estrés nos frene! 

  • No fuerces la máquina: puedes tener momentos con un deseo altísimo y otros en los que será casi nulo. Aprovecha el tiempo. Nadie conoce tu cuerpo mejor que tú, y sabes qué es lo que le da placer y lo que no. 
  • No fuerces a tu pareja sexual: al igual que a ti no te gusta que te presionen, no se lo hagas a tu pareja. Cuando la presión entra por la puerta, el deseo sale por la ventana. Si tienes un mal día o no te apetece tener relaciones sexuales, comunícalo, no pasa nada. 
  • No hay mayor estimulante que sentirse objeto de deseo: habla, seduce, dile cosas bonitas a tu pareja sexual, hazla sentir deseable… El efecto contagio hará que también te desee a ti. ¡Nada sube más el deseo sexual que sentirse sexy! 
  • Para conectar, desconecta: baja la curva del estrés con lo opuesto: enciende velas, pon música, usa aceites, aromas, juguetes… y disfruta de un buen masaje. No hace falta pasarse al sexo tántrico para agregar una buena dosis zen a la rutina. Relájate y disfruta. 
  • Haz ejercicio en pareja: seguro que tú también has buscado vídeos de zumba, aerobic o entrenamiento personal. Pues ahora tendrás una motivación añadida: hacer ejercicio en pareja libera endorfinas y activa el deseo sexual. Y si no, al menos lo pasaréis genial haciendo una actividad conjunta. 
  • Fantasía y erotismo: deja que tu imaginación juegue y alcance nuevos niveles. Quizá sean situaciones que nunca lleves a cabo o que no te apetece sentir en la vida real, pero te crearán nuevos estímulos internos… La imaginación al poder. Crear un entorno adecuado despertará tu apetito. Lee relatos eróticos, busca películas sugerentes, prueba nuevas forma de excitación.  
  • Los recuerdos, esos poderosos aliados: ¿crees que tienes poca imaginación? Seguro que te queda la memoria, ese maravilloso espacio donde regresas para sentirte mejor. Experimenta el placer de rememorar los momentos más excitantes, como aquel apasionado y secreto encuentro o ese cunnilingus inolvidable. Recordar el pasado más placentero puede activar el presente. 

 

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 Como ves, recuperar el deseo sexual es más sencillo de lo que parece, con unos pequeños ajustes conseguirás que el estrés no afecte negativamente a tu deseo sexual: ¡a disfrutar!