Te proponemos claves para un "Sí, quiero" basado en la autoestima, la libertad y la comunicación

Desde pequeñxs nos han contado historias de amor que no tienen nada que ver con la realidad en la que vivimos y nos han hecho creer en una visión del amor con una única vía posible: el amor romántico.

Historia del amor romántico

El amor romántico, una idealización y construcción social creada a mitades del siglo XVIII en Europa por la élite de la poesía, el arte y la filosofía (el movimiento cultural del romanticismo), y explotada por la industria de cine. Un concepto que ha llegado hasta nuestros días y nos ha inculcado muchas falsedades y mentiras: que si somos medias naranjas, que si somos princesas o príncipes azules, que si lxs que se pelean se desean, que si el amor verdadero acabará con nuestra soledad, que si tenemos que perder nuestras libertades en favor de un proyecto único que dure para siempre, que si el amor todo lo cura, que si nuestra pareja tiene que ser nuestra alma gemela, nuestrx guía espiritual, nuestro todo. Pues vaya presión ¿no?

¿Por qué no reinventamos un nuevo concepto de amor más acorde a nuestros tiempos?

Un amor confluente, consciente y compañero, un amor donde cada persona pueda decidir a quién quiere y cómo lx quiere.

Donde lo importante no es el “para siempre jamás”, sino el respeto, el buen trato, la honestidad, la generosidad, el cariño, o simplemente pequeños gestos cotidianos. En el que encontramos un espacio para el egoísmo de poder ser quien queramos ser junto a la persona que escojamos querer.

Queremos relaciones sanas, que nos permitan ser libres y disfrutar de las ganas de estar juntxs en el aquí y el ahora.

Rompamos con los mitos asociados al amor romántico y redefinamos el “Sí, quiero” con 4 conceptos básicos para construir relaciones más sanas:

Cuando hablamos de relaciones sanas, nos referimos a relaciones simétricas, donde las dos personas (o más, en el caso de las relaciones no monógamas) están al mismo nivel, y el amor hacia la otra se distribuye por igual.

Aunque suene a tópico, es muy importante estar bien con unx mismx y quererse para no depender del amor del resto. Muchas veces tus propias inseguridades, y por tanto la falta de autoestima, te pueden jugar una mala pasada en la relación.

La relación que tienes contigo mismx es la única que realmente va a durar para siempre.

El quererse no pasa por lo que te quiera la otra persona. De ser así, se genera una relación de dependencia y de necesidad de la pareja.

Para construir una relación saludable es importante que esté construida a partir de tus deseos y los de tus parejas. De lo contrario, podría darse una relación en desequilibrio y que haya una persona que decida por el resto. Amar debería ser un viaje compartido, que no suponga perder nuestra personalidad, nuestros sueños ni la libertad de ser como somos. Hay que tener una cosa clara: nadie pertenece a nadie.

Una de las causas de nuestras inseguridades es el tipo de relaciones que mantenemos, que se pueden manifestar con pensamientos tipo: “No sé dónde va ni en qué punto está la relación”, “No estamos en el mismo punto y hay un desequilibrio”, “Es un tipo de relación que no me hace sentir cómodx”. Hoy en día intentamos rehuir el hecho de poner etiquetas en nuestras relaciones, y eso está genial si ambxs estáis de acuerdo. Ahora bien, es importante hablar de lo que se tiene y tener claro que entendéis la relación, sea del tipo que sea, por igual y que os sentís a gusto con ella.

Tu pareja no tiene una bola mágica de cristal para leer tus pensamientos. No sabrá lo que tú deseas y quieres de la relación si tú no se lo dices.

Una relación de tú a tú se construye comunicando tus deseos, prioridades y manías, y que la otra persona haga lo mismo. Esa es la base para no entrar en conflictos de “expectativas vs. realidad”. ¿Qué quiero yo?, ¿qué quieres tú?, ¿podemos encontrar un punto en el que lxs dos estemos a gusto? De no ser así, ¿cómo lo gestionamos?

Pero la comunicación va más allá, no se trata solo de utilizarla para dejar claro en qué punto nos encontramos y qué tipo de relación queremos. También es necesaria en el día a día, y es muy importante la manera de expresarnos y cómo hablamos a nuestra pareja, aprender a defender nuestros derechos y respetar los del resto. La sinceridad es muy importante, pero cuidado con el sincericidio: decir todo lo que piensas sin ningún filtro puede ser muy hiriente. La mejor manera de expresar lo que sientes es a través de la empatía y utilizando una comunicación asertiva: expresar de forma clara y eficaz lo que pensamos y sentimos sin ofender a la otra persona.

El lenguaje es poderoso y tiene muchísima más importancia de la que creemos.

¿Por qué no pruebas a poner en práctica estos cambios con estos ejemplos?

Los celos están profundamente ligados a sentimientos de posesión, control, inseguridad y desconfianza.

Sorprende que conceptos como el de respeto, igualdad, libertad, apoyo y ayuda mutua no aparezcan en el primer lugar de las prioridades de una relación de pareja. Sentir celos no es una demostración de que realmente te importa o le importas a otra persona. El amor se puede demostrar y sentir de muchísimas maneras, pero ninguna de ellas debería ser con posesión.

La confianza durante una relación es uno de los pilares fundamentales. Una mala gestión de los celos puede tener derivar en una relación tóxica o dificultades en la pareja, y sentirlos se traduce en desconfianza, ya sea en la pareja o en unx mismx. Ante cualquier duda o sentimiento contradictorio, la conversación es la primera herramienta a la que debemos acudir.


Amémonos mucho, pero amémonos bien desde la confianza, la comunicación y la libertad.