Si cuando llega el frío queremos emparejarnos, imagínate cuando llevamos meses de confinamiento e incertidumbre a nuestras espaldas

 

 

Oficialmente, ya hemos pasado el ecuador del invierno. Con el frío, el cambio de armario y que oscurece más pronto tenemos más ganas de quedarnos en casa, ponernos una serie y acurrucarnos bajo la manta. Por este motivo, durante los meses de otoño e invierno, a mucha gente que normalmente disfruta de su soltería le apetece tener una relación, aunque sea a corto plazo (lo que dure el frío) y pone todo su esfuerzo en encontrarla. De hecho, este fenómeno es muy común. Tanto, que tiene nombre propio: la cuffing season. La traducción sería algo así como la temporada de esposarse (se refiere a esposas de manos, eh, nada de anillos). O mejor aún, la temporada de acurrucarse. 

Esta temporada en concreto tiene una particularidad: coincide con una pandemia mundial y un confinamiento que viene y va. Empezó a mediados de marzo y, hasta la fecha, la cosa no ha cambiado mucho. Nuestro reloj biológico está escacharrado, el invierno se nos ha avanzado y se nos está haciendo eterno, por lo que nos preguntamos: ¿Estamos viviendo la cuffing season más larga de la historia? ¿Se trata, quizás, de una cuffing season dentro de otra cuffing season? ¿Cómo podemos empezar una relación cuando todo son restricciones?

 


Las reglas del juego han cambiado

El coronavirus ha cambiado muchas de las maneras de relacionarnos, y una de ellas es la forma de ligar, tener citas y empezar a salir con alguien. A falta de bares, discotecas, encuentros casuales y coincidencias, las aplicaciones para ligar y conocer gente son la clave. Durante el confinamiento, el número de usuarixs de estas aplicaciones aumentó un 13,5%. Por lo tanto, en esta cuffing season marcada por las restricciones, la única forma de encontrar pareja, rollos o compañía para el Netflix & Chill es a través de aplicaciones. Según Amarnath Thombre, director ejecutivo de Match Group Americas (una de las empresas principales de aplicaciones de citas), “los mensajes entre usuarixs han aumentado un 40% en la mayoría de las aplicaciones en comparación con el año pasado”. 


En el terreno de las relaciones sexo-afectivas, la pandemia puede haber cambiado de forma positiva la forma de ligar. Según Dominic Gallego, director de marketing de la aplicación de citas Badoo, “esta crisis marca el comienzo de un nuevo período de noviazgo moderno. Los datos muestran un aumento en las conversaciones significativas. Se llevan a cabo chats más largos, enriquecedores y con más tiempo de permanencia. La gente se toma el tiempo para conocer a la persona antes de quedar cara a cara”.


Girls just wanna have fun

Otra característica de este crossover entre cuffing season y pandemia es que las mujeres de menos de treinta años son las grandes protagonistas de las aplicaciones de citas. Son el grupo demográfico que está teniendo más presencia en Tinder y que está generando más actividad. Según un estudio sobre conversaciones de parejas heterosexuales de otra famosa dating app llamada OKCupid, las mujeres están empezando un 40% más de conversaciones que antes. Este es un dato sorprendente porque, en general, los hombres son mucho más activos en las aplicaciones para ligar que las mujeres.


Mucha ansiedad y pocos abrazos

No obstante, parece que en esta cuffing season las ganas de tener pareja no solo provienen del deseo de Netflix & Chill y de acurrucarse; sino que la creciente ansiedad a raíz de la pandemia es, definitivamente, un factor determinante para querer pasarla en compañía. Galit Atlas, sexóloga, psicoterapeuta y profesora de la Universidad de Nueva York, está convencida de que un aumento de la ansiedad conduce al deseo de emparejarse. “Cuando tenemos miedo, tendemos a querer estar juntxs”, afirma la doctora Atlas. En este momento, y desde el inicio de la pandemia, vivimos tiempos de gran incertidumbre por el futuro, la tercera ola de Covid y la crisis económica que vendrá. Todo esto, sumado al efecto del aislamiento, la falta de ocio y todas las teorías conspiranoicas y la desinformación que circulan por Internet, provoca ansiedad y hace que la gente no quiera estar sola.

 

La periodista Andrea Gumes, en el episodio de Tertulia sobre follar en tiempos pandémicos de su podcast Tardeo, hablaba sobre la poca importancia que se está dando en la salud afectiva. Una de las tertulianas, Mar, comentaba: “Echo de menos los abrazos. Yo estoy soltera, y mis amigas tienen todas pareja y ya se abrazan con sus parejas. Pero yo, si no me abrazo con mis amigas, no me abrazo con nadie”. El contacto físico es una parte fundamental de la interacción humana, ya sea un abrazo cálido, una caricia o una mano tranquilizadora. La falta prolongada de contacto lleva a una enfermedad real llamada skin hunger o skin starvation (hambre de piel) y puede afectar a la salud mental de quien lo está padeciendo. Necesitamos el contacto humano para sobrevivir, y el afecto no es algo exclusivo de las parejas.


Cuando nos invade la nostalgia

Hablando de la nostalgia del afecto, esta cuffing season edición coronavirus pasará a la posteridad como el momento de debilidad en el que mucha gente volvió a contactar con su ex. Muchas personas de todo el mundo han estado enviando mensajes o DM de Instagram a sus antiguas parejas después de meses o incluso años de silencio. Las causas de este efecto boomerang pueden ser múltiples: el aburrimiento, la soledad, el miedo a lo desconocido, la creciente conciencia de la propia mortalidad o el interés genuino por la otra persona. Cuanto más tiempo tenemos entre manos, más reflexionamos y mayor variedad de emociones experimentamos. Si el presente es una mierda, siempre podemos volver a tiempos pasados en los que fuimos más felices, teníamos más estabilidad emocional y la vida era mejor.

 

Así pues, esta cuffing season resulta ser un experimento mundial para ver si la teoría de la gestión del miedo es cierta. Algunas investigaciones y especialistas sugieren que cuando ciertas personas se enfrentan a la perspectiva de su propia mortalidad, reaccionan a esta amenaza existencial manifestando interés por emparejarse y deseo sexual. Y tú, ¿cumples con la teoría?